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Seguismundo y el Estres postraumático

Aunque han pasado ya años, desde que el tren en el que iba Segismundo en esa fatídica mañana explotara por culpa de unos desalmados terroristas, su vida no ha mejorado. Sigue despertándose bañado en sudores por la noche a causa de las terribles pesadillas que padece donde se ve a mismo atrapado entre los amasijos del tren, inmóvil y con un dolor terrible. Sigue sintiendo esas mismas emociones de impotencia, desesperación, desesperanza e inutilidad que sintió en el momento después de la explosión. El miedo, la rigidez y el balbuceo de palabras se sigue apoderando de él cada vez que alguien le dice de subirse a un cercanías, cosa que no le pasa cuando coge el Ave desde Chamartín. De vez en cuando, estando trabajando, se le cruzan las imágenes dantescas de los cuerpos mutilaos que vio, cuando fue rescatado. Incluso muchas veces no puede dormir porque le inunda un sentimiento de culpa, por haberse subido a ese tren en lugar de haber asistido a la huelga que estaba convocada. Cada vez tiene menos cosas que le reporten felicidad y es cuando ha empezado a sentir indiferencia por su pequeña y el rendimiento en su trabajo ha bajado tanto que se están planteando despedirle, cuando se ha planteado seriamente dejarse ayudar.
Primero fue al psiquiatra que le receto unas pastillas que si bien le ayudaron a dormir algo mejor y las pesadillas disminuyeron, no acaba de encontrarse bien y las imágenes dantescas, seguían inundando su cabeza. Aparte empezó a sentir los efectos secundarios de los psicofármacos y tras tres meses de tratamiento, decide que para cambiar unos efectos por otros, mejor se queda con los que sentía antes, que por lo menos ya los conoce. Después pasa a ir a consulta del Dr. Mingue experto brujo africano y curandero de renombre, pero como sigue sin sentir mejorías apreciables tampoco pasa mucho tiempo cuando decide abandonar el tratamiento. Su rendimiento sigue igual de bajo y sus miedos están ahí cuando se decide dar la última oportunidad y acudir como último recurso a un psicólogo. Como su amigo Andrés, siempre le habla del EMDR, decide ir a un psicólogo que tenga conocimiento sobre EMDR, para por lo menos, poder llamar charlatán y loquero a su amigo con pruebas. Las primeras sesiones son sesiones en las que le cuenta su problemática, le habla de su familia, de los lugares que le gustaba ir, de su trabajo, de todas las emociones que siente con el recuerdo del atentado, y de los pensamientos irracionales pero paralizantes que se le pasan por su cabeza como el que si se sube a un cercanías volverá a sufrir la explosión del tren. El hecho de contarlo le ayuda a sentirse con menos carga, pero también puede ser por la cantidad de mocos y lagrimas que ha dejado en la consulta del psicólogo. Las siguientes sesiones le enseñan cuatro o cinco métodos de relajación para que pueda estabilizar sus emociones cuando le desborden. Practicar los métodos si bien, no le solucionan la problemática si le ayudan a vivir un poquito mejor controlando sus emociones y sus bajones. Las siguientes sesiones empiezan con estimulación bilateral, recordando alguna de las partes vividas del atentado, y es como si le echaran alcohol en una herida reciente, le duele mucho, pero cada vez, después de salir de la sesión está más calmado. Según pasan las sesiones, la culpa que siente en su pecho desaparece, la ira que sentía en el estomago se disuelve y en su cabeza empiezan a aparecer pensamientos mas adaptativos como que fue casualidad que le pasara a él, que si bien no tiene la certeza absoluta de que no le volverá a pasar, si sabe que 99 % de las personas, les pasa eso una vez en la vida, y el no tiene tan mala suerte para estar en el 1 % restante. También pasa de ser víctima a superviviente, aprendió que la vida se puede perder en un instante y no merece la pena morir sin exprimirla al máximo y eso no se hace en su casa en una habitación obscura sino saliendo con los amigos y la familia a hacer esas cosas que tanto le gustan como es ir a ver al equipo de futbol del Alcalá, o hacer reír a su niña. Al cabo de tres meses Segismundo solo se ve a su psicólogo por la calle, disfrutando de la semana santa alcalaína, sin ninguno de los síntomas que antes tenía y sintiéndose más libre y completo. Por último cambia el pensamiento sobre el trabajo que hace su amigo Andrés, pasando de charlatán a sanador.

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